UN SONIDO, UN SENTIDO, UN MOMENTO, UN TRAZO SOBRE EL PAPEL.

Es raro pero siempre estoy pensando en un sonido, en una forma o en un color, al levantarme lo primero que hago es escuchar una canción que logre ponerme en el mood correcto sin importar las circunstancias, mi primer recuerdo de la música lo tengo conectado directamente a mi mama, a verla sentada amasando pan de sagu mientras que yo con mis debiluchas manos sostenía la artesa, alcanzo a sentir ese olor a mantequilla, a huevo, a masa caliente, y  la escucho tararear uno que otro estribillo mientras sus manos dan forma a cada uno de esos pequeños panes de los cuales sin duda alguna más de uno será para mí.

En estos momentos de mi vida hablar de música básicamente es hablar de mi compañero de estudio, cada una de las canciones que escucho mientras creo y plasmo hace parte vital del proceso de mi día a día, mis músicos favoritos (Yann Tiersen, Ludovico Einaudi, Gustavo Santaolalla) casi que se han vuelto mis maestros, tanto que he llegado al punto de contactarlos para agradecerles su increíble aporte al mundo y en especial también para que sepan que han sido cómplices de todos mis garabatos.

Mi trabajo se basa en las emociones y en un mundo sensorial que viaja desde la audición recorriendo todos los sentidos hasta llegar al climax justo cuando el espectador logra conectar su visión en el lienzo. He tratado de estudiar mucho todas las alteraciones sensoriales y el cómo generar estímulos positivos con el arte y finalmente concluyo que una pareja infalible siempre será pintura y música.

Desde hace unos 5 años todos mis proyectos tienen que tener en su resultado un aporte auditivo, porque al fin y al cabo en cada uno de los procesos creativos siempre estamos acompañados de miles de estímulos externos que contienen una gran importancia y sobretodo una gran afectación en la conclusión de dicho trabajo. Y es que quien en el mundo puede decir que no existe una sola canción que haga vibrar su cuerpo o que sencillamente lo tele transporte algún lugar o momento que evoque consigo una emoción sin importar si es de tristeza, alegría, esperanza o amargura.

La música sin duda alguna tiene un poder increíble, un poder transformador, un poder que pareciera vivir en un termómetro que puede llevarte en un viaje de temperaturas y sensaciones, hablar de música en mi vida es hablar de un sonido, un sentido, un momento, un trazo sobre el papel, un impulso que se confabula con mi idea y muta clandestinamente hasta aparecer en una forma, la simbiosis perfecta, el match del ying y el yang, un big bang diminuto y poderoso escondido en notas que pueden ser colores, música mi querida música que hacer sin tu hermoso placer…

Kalee Guauta

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